¿Cómo influye la danza oriental en la autoestima?

  Publicado el 14 de Diciembre del 2018

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Una bailarina al son de melodías y ritmos árabes. Desde fuera observamos fascinados, deleitándonos con su expresión, sus movimientos, su hermoso vestido, y la armonía con la que se funde con la música. Pura belleza.

Belleza que apreciamos de manera externa, pero que sin el público saberlo, se ha ido gestando poco a poco en su interior. Sin duda, si la amamos desde fuera, es que dentro de ella tiene que haber mucho amor, amor del bueno, del propio.

Una bailarina de danza oriental se ama, se ama mucho. Porque se conecta con ella, coordina su cuerpo y su mente, y, además, le añade el alma. Esta conclusión no es ilusoria, no está hecha a lo loco. La danza oriental aumenta “seriamente” la autoestima.

Para mí, detrás de cada problemática que llega a la consulta de un psicólogo, tiene un trasfondo de baja autoestima. Es normal, la vida que llevamos, las apariencias, los conflictos en las relaciones, y las batallas que libramos en la vida, provocan una gran destrucción de nuestra autoestima. Nos vemos impotentes en múltiples situaciones, sentimos grandes frustraciones por no poder cumplir con nuestras expectativas, y acabamos sintiendo que no valemos para nada. Por eso, la atutoestima es clave en mi labor profesional. Y la danza oriental entra dentro de mis recomendaciones.

¿De qué maneras influye la práctica de la danza oriental en la autoestima?

En primer lugar, es clave aprender a conectarte con tu cuerpo si deseas comenzar a quererte. Es fundamental escuchar nuestro cuerpo para saber qué necesita. Atender nuestro cuerpo significa querernos. Y el mejor modo de conectarse con él es mediante el ejercicio físico. Ejercitar nuestros músculos, mover nuestras articulaciones. Sentirlo.

La danza requiere concentración. Cuando estamos bailando, o en clase practicando, estamos tan concentrados que nuestra mente comienza a callarse. Esta atención plena y consciente en lo que estamos haciendo, nos hace entrar en un estado paz similar al de la meditación. Y creo que no hará falta contaros los beneficios de meditar…

De igual manera esa concentración es la que nos permite comenzar a coordinar nuestra mente con nuestro cuerpo. En muchas ocasiones hay que combinar diferentes movimientos en un solo paso de baile. Es decir, tenemos que mover dos partes de nuestro cuerpo a la vez, y no es fácil. Lograrlo de a poquito, nos da seguridad y confianza en nosotros mismos. Vemos que somos capaces, que hacemos movimientos que hubiésemos imaginado imposibles. Aprendemos también a disociar partes de nuestro cuerpo, y esto, esto sí que es un logro, porque ¡no estamos acostumbrados a ello!

La danza oriental es una danza muy femenina. Delicadeza y elegancia, atributos femeninos por excelencia. No importa si eres hombre o mujer, vas a conectarte con tu feminidad. Y cuando te conectas con ella, te ves como la criatura más hermosa de este mundo. Te aceptas, te amas, incluso con tus imperfecciones (que ahora curiosamente ya no son tantas).

De igual modo te amas porque te dedicas a ti un espacio-tiempo que es solamente para ti. Y este es uno de los mayores actos de amor propio que hay. Permitirte un lugar en el que te cuidas, en el que te sientes bien. Y como estás haciendo algo en tu beneficio, esto significa que comienzas a quererte.

Pero esto no es todo. La danza oriental te une con personas, personas con tu misma afición (o profesión en el caso de las bailarinas). Y como se trata de un espacio-tiempo con todos los beneficios que he comentado, esto se traduce en personas que se quieren. Y donde hay personas que se quieren a sí mismas, inevitablemente el ambiente es generoso, amoroso, compasivo, divertido, alegre, empático… maravilloso.

Por eso, continúo aprendiendo y recomendando su práctica por doquier. Porque cada día me quiero más, y cada día quienes la bailan, se quieren más.

 

¿Qué mejoras has notado tú con la danza oriental en tu vida?